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Herramientas: Gestión Integrada de las Zonas Costeras. Es
evidente en el Manejo Integrado de la Zona Costera, disponer de una
serie de herramientas que permitan al gestor/planificador actuar de
forma adecuada. Esta “forma adecuada” se refiere a la necesidad de
conocer el funcionamiento integrado del sistema y poder evaluar las
interacciones entre los diferentes elementos que se derivarían de sus
acciones.Desde el punto de vista teórico Schwarzer et al., (2001) se refieren al “desarrollo de la línea de orilla” como al conjunto de las actividades humanas que interfieren con la evolución natural de la línea de orilla así como con la evolución del ecosistema en la interfase tierra-mar. En este contexto, las decisiones que se toman sobre el desarrollo o actuaciones en esta franja son muchas veces irreversibles (o muy difíciles de revertir) y, en consecuencia, afectarán a diferentes generaciones. El problema o parte de él radica en que:
Aunque Barragán (2003) pone el esfuerzo al definir las acciones para mejorar la gestión en aspectos administrativos y legislativos, esta necesidad de integración es evidente también cuando se consideran las interacciones entre las diferentes componentes y dinámicas del sistema costero. En esta línea, Capobianco et al. (1999) presentan un marco conceptual de análisis integrado del sistema costero basado en la estimación de la vulnerabilidad. Un ejemplo de aplicación de este tipo de aproximación integrada basado en la utilización de indicadores a nivel regional puede verse en Cendrero et al. (2003). Modelo DPSIR (agentes impulsores-presión-estado-impacto-respuesta). Este
marco es una extensión del modelo presión-estado-respuesta (PSR) para
la valoración ambiental en el que se incluyen los efectos
socio-económicos explícitamente como impactos (EAA, 1998).El modelo ayuda a analizar las interacciones entre las presiones ambientales, el estado y la respuesta ambiental basándose en el concepto de causalidad. Partiendo del modelo P-S-R se asume que las actividades humanas ejercen una presión sobre el medio produciendo cambios y la sociedad responde a estos cambios con actuaciones sobre el medio o con respuestas económicas. En este modelo se incluyen dos nuevas componentes: los agentes impulsores (D) que representan la tendencia sectorial básica que contribuye a la presión (P), y los Impactos (I) que son los efectos de los cambios sobre el ambiente, estado (S). En la siguiente tabla se presenta un ejemplo de aplicación del modelo DPSIR para la función de protección (Modelo Agentes impulsores-Presión-Estado-Impacto-Respuesta (DPSIR) (Jiménez y van Koningsveld, 2002). ![]() Esta aproximación se muestra esquemáticamente en el diagrama de flujo. Una ventaja de este marco es que al incluir los agentes impulsores permite aislar en el análisis la contribución de un sector socioeconómico específico. Al mismo tiempo, la inclusión del impacto permite separar los cambios que se produzcan en el medio de sus “consecuencias prácticas”. En esta aplicación se considera como puede verse afectada la función de protección debido al sector “turístico”. Para ello, siendo el agente impulsor el turismo, el vector que pondría en marcha la reacción del sistema sería la construcción de puertos deportivos. Como puede verse, la aplicación de este marco permite aislar diferentes sectores y agentes a la hora de analizar o valorar las consecuencias de las presiones sobre la zona costera a la vez que permite identificar las respuestas adecuadas a cada uno de ellos. ![]() Ejemplo de aplicación del modelo DPSIR.Agentes impulsores: Turismo Presión: Bloqueo del transporte longitudinal de sedimento por la presencia de los puertos. Estado: Erosión costera aguas abajo de los puertos. Impacto: Disminución del ancho de playa emergida Respuesta: Compromiso de instalación de sistemas de by-pass. Ejemplo de aplicación del modelo DPSIR para la función de protección (adaptado de Jiménez y van Koningsveld, 2002). Este marco o modelo conceptual de análisis será el adoptado en este trabajo generando en este caso un modelo específico para cada una de las funciones consideradas. Dado que aquí no se pretende gestionar el sistema sino ayudar mediante la generación de herramientas específicas, no se incluye la “respuesta” al impacto producido y, se ha hecho lo suficientemente genérico como para que pueda ser utilizado para cualquier sector que actúe como agente impulsor. Es decir, en el marco D-P-S-I-R los dos extremos (D-R) quedan a disposición del gestor mientras que el cuerpo P-S-I es el que permite el análisis de forma práctica. Indicadores Uno de los medios más habituales de aplicación de los modelos o métodos introducidos en el apartado anterior es el uso de indicadores. Durante las últimas décadas, los indicadores han sido ampliamente aplicados a varias disciplinas como la valoración ambiental, la economía, el desarrollo sostenible, la valoración de la vulnerabilidad, etc. Dada la diversidad de aplicaciones, las diferentes disciplinas implicadas y las distintas aproximaciones y escalas de aplicación existen multitud de definiciones para el termino indicador (ver e.g. Gallopin, 1997). De forma general, y teniendo en cuenta las diferentes perspectivas y los diferentes objetivos de su utilización, un indicador se puede definir como una señal que reproduce un mensaje complejo de forma simple y útil (e.g. Gallopín, 1997; Kurtz et al., 2001). Adaptando esta definición al ámbito costero se puede definir los indicadores como un reducido número de parámetros (las señales) que pueden describir, de forma adecuada, cuantitativa y simple, el estado y las tendencias de evolución del sistema costero (transmitiendo un mensaje complejo de forma sencilla y útil) (Jiménez y van Koningsveld, 2002). Los indicadores proporcionan tres funciones principales: simplificación, cuantificación y comunicación. En este sentido, se han convertido en una parte esencial en el proceso de comunicación entre científicos y gestores y un modo de reducir los riesgos de fallos de un proceso (van Koningsveld, 2003). De forma práctica, los indicadores costeros pueden considerarse como indicadores ambientales específicos siendo sus funciones principales:
La utilidad de los indicadores dependerá principalmente de una selección apropiada. En este sentido, existe una amplia experiencia para los indicadores ambientales (e.g. Kelly y Harwell, 1990; Cairns et al., 1993; Pykh et al., 1999; Jackson et al., 2000; Dale y Beyeler, 2001), donde se identifican algunos criterios básicos que los indicadores del sistema costero deben cumplir para que fuesen útiles y consistentes. A continuación se resumen brevemente estos criterios. Ser relevante. El indicador propuesto debe estar relacionado conceptualmente con la función costera de interés y este vínculo tiene que ser de primer orden, es decir, no sólo importa que una variable tome parte en el proceso sino que contribuya significativamente. Este criterio requiere un análisis de las escalas de trabajo, en las cuales las variables, los procesos y las repuestas claves se seleccionan según la importancia de su papel en la función costera. Tomemos como ejemplo la selección de los indicadores relacionados con la protección costera, lo cual implica identificar las variables y procesos que toman parte en los cambios costeros. Así, la presencia de ripples es un indicador de algunos aspectos del régimen del transporte de sedimento, y en este sentido, de algunas características del comportamiento del sistema. Sin embargo, a la escala de interés, (escala de la gestión), dicha presencia puede considerarse como un “ruido” y, en consecuencia no será relevante. Ser medible fácilmente. Los indicadores deben poder medirse de forma sencilla y económica. Este criterio incluye como requerimientos que los datos sean de calidad, y consistentes con las variables y los procesos de interés. Es decir, no tiene sentido determinar anchos de playa con una precisión de mm si ello supone incrementar significativamente la dificultad o el coste de la medida, ya que esta precisión no implica una mejor caracterización de la respuesta del sistema. Ser sensible a las presiones en el sistema. El indicador tiene que ser sensible a las presiones ejercidas sobre el sistema. Aplicado a indicadores ecológicos, la situación ideal sería un indicador sensible a la acción del hombre pero con una limitada y documentada sensibilidad a la variación natural (Dale y Beyeler, 2001). Cuando este criterio se aplica a los indicadores costeros, tiene el problema que cualquier indicador seleccionado tendría tanto variaciones de procedencia natural como inducidas por el hombre. La clave sería identificar y aislar cada componente durante la toma de datos (o su análisis). Tener una repuesta conocida ante las perturbaciones, la presión humana y las variaciones en el tiempo. El indicador debe tener una respuesta conocida ante la perturbación natural y las presiones antropogénicas sobre el sistema. Esto significa que algunas variables o características del sistema sólo se pueden usar como indicador siempre que haya un patrón de respuesta conocido científicamente. En otras palabras, para simplificar un sistema necesitamos saber cuales son los elementos del sistema y como estos reaccionan a la presión. En el caso de los indicadores costeros, el amplio conocimiento que se tiene en dinámica costera garantiza el conocimiento de la respuesta a las presiones ejercidas sobre el sistema. Ser anticipador. Debe servir para que se pueda medir una modificación del indicador antes de que ocurra una transformación sustancial en el objetivo previsto. Esto implica la selección o definición de un umbral el cual sirve como “señal de aviso” para indicar estos cambios. En el caso de los indicadores costeros, este aspecto debe ser cuidadosamente considerado desde un punto de vista científico (conociendo el funcionamiento del sistema) y, de gestión, (a través de discusiones con los gestores se definirán/seleccionarán los umbrales empleados para detectar la “señal de aviso” para una función costera dada). Ser integrado. El conjunto de indicadores seleccionados debe proporcionar una medida de los gradientes claves a través del análisis del sistema (cambios temporales y espaciales en el estado del sistema). Por otra parte, deben permitir su agregación para generar un único indicador. En cuestiones costeras esto no es sólo un criterio que deba cumplir los indicadores sino que es el modo más común de aproximación a los procesos costeros. Así, la integración temporal y espacial de los procesos y respuestas costeras se han identificado en gran parte como una tarea clave en el análisis de la dinámica costera a escalas útiles para los propósitos de gestión (e.g. De Vriend, 1991; De Vriend et al., 1994). Aquí clasificaremos los indicadores en función de su origen. Así, un indicador de primer orden será aquel que consiste en una variable que es medida directamente en el sistema costero. El análisis de una serie de datos generará lo que denominamos indicadores de segundo orden, es decir, que se obtienen de los anteriores. Por último tenemos los indicadores de tercer orden que consisten en aquellos que son derivados de la utilización de modelos numéricos. La coexistencia de indicadores de tan diverso tipo en nuestras aplicaciones se debe a la naturaleza del problema a abordar donde el sistema es altamente dinámico (necesidad de analizar datos actuales para ver hacia donde va el sistema) y donde algunas de las respuestas posibles no han sido registradas (necesidad de utilizar modelos para predecir como se comportaría el sistema). Por último, queda el problema o la cuestión de la agregación de los indicadores, es decir, como podemos combinar indicadores de diferente tipo dentro del marco de análisis escogido para poder reproducir apropiadamente la función costera de interés. En esencia, este proceso debe estar orientado de forma particularizada a cada problema dado que este valor agregado debe servir al gestor/planificador para abordar su solución. Existen diferentes métodos de integración de indicadores (ver e.g. Andreasen et al., 2001) y aunque este debería ser lo más simple posible, la verdadera imposición es que el método que se seleccione sea “entendible” y “directo” para los gestores. De todos los modelos existentes, uno de los más realistas sería la construcción de modelos conceptuales. De esta manera el índice o indicador se integraría basándose en el funcionamiento del sistema de tal forma que, a efectos prácticos, consistiría en modelar de forma sencilla la función costera de interés mediante la simulación de las interacciones de las variables involucradas. Este es el tipo de aproximación seguida en este trabajo para las tres funciones costeras consideradas: función natural, función de protección y función recreativa. Fuente: A MANUAL FOR ASSESSING PROGRESS IN COASTAL MANAGEMENT. Stephen Olsen, Kem Lowry, James Tobey Coastal Management Report # 2211. January 1999 UNA GUIA PARA EVALUAR Manejo Costero.rar |
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Es
evidente en el Manejo Integrado de la Zona Costera, disponer de una
serie de herramientas que permitan al gestor/planificador actuar de
forma adecuada. Esta “forma adecuada” se refiere a la necesidad de
conocer el funcionamiento integrado del sistema y poder evaluar las
interacciones entre los diferentes elementos que se derivarían de sus
acciones.
Este
marco es una extensión del modelo presión-estado-respuesta (PSR) para
la valoración ambiental en el que se incluyen los efectos
socio-económicos explícitamente como impactos (EAA, 1998).

Ejemplo de aplicación del modelo DPSIR.