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Siglo XXI de la ética. http://www.ucu.edu.uy/facultades/cienciashumanas/departamentos/etica/index.htm Estamos lejos de la época en que se pensaba dicotómicamente que la ciencia era neutra y que sólo la política, la economía, o la ética tenían que ver con los asuntos relacionados con los valores. En este momento vivimos una etapa de pensamiento "postmoderno", es decir de un pensamiento (¿y también una sensibilidad?) que ha hecho una severa crítica a la ciencia y sus pretensiones ingenuas de objetividad. Estamos en una época en que de nuevo se vuelve a caer en la cuenta de que la ética está por encima y es la que tiene que guiar a la ciencia en su capacidad de servir a la humanización del hombre. Es posible que la ciencia brinde los medios y el conocimiento para construir una estación aeroespacial, pero es la ética la que juzgará si es lícito o no el usarla o el desarticularla. La ciencia, -si quiere ser tal- es ciega pero no neutra. No es neutra ni en los usos que se le pueda dar, ni en los medios que utiliza para alcanzar su fin, que es el conocimiento. Desde la física o la biología -en las que los mismos métodos de observación que se usan "construyen" una realidad diferente según los que sean,- hasta las ciencias de la comunicación social -en las que la forma de presentar la noticia muchas veces deforma una "realidad" de acuerdo a lo que le interesa al periodista-, es evidente que el riesgo de manipular la realidad para los intereses valorativos del ser humano, es un hecho que acecha permanentemente cualquier area del saber y de la acción humana. Estamos pues, en un mundo en el que cada vez se hace más necesaria la clarificación de los dilemas éticos que presenta la acción humana. El siglo XXI será probablemente el siglo de la ética. Y eso, por múltiples factores.Uno de ellos es que los avances de la bio-medicina, especialmente de la tecnogenética, que introduce en la conducta del hombre capacidades insospechadas de manipulación de la naturaleza biológica y humana que hasta ahora no eran posibles. Si hasta el momento la evolución de las especies se producía por mecanismos más o menos naturales, ahora el hombre es capaz de romper esas barreras e intervenir en las mismas leyes que gobiernan la evolución. ¿Vale la pena que nos preguntemos por cual debe ser el límite adecuado para esta intervención? ¿O seguiremos pensando que el valor absoluto y por encima de todo es el avance del conocimiento por sí mismo? ¿Acaso es "bueno" para el hombre que el conocimiento se convierta en un fin en sí mismo, y ponga en riesgo otro valor -que a mi juicio es mucho más importante-: la convivencia armónica entre los seres humanos? Hace unos años nos parecían asuntos "teóricos" o propios de los países desarrollados ciertos problemas éticos provocados por el avance de la ciencia y de la tecnología. Ahora, el hecho de que caiga lluvia ácida en un país subdesarrollado que sus ríos más interiores- estén severísimamente contaminado, no es ninguna novedad. Que un país haya desarrollado tecnología para tener niños por fecundación in vitro no es ya noticia porque estos procedimientos ya forman parte de los tratamientos que se plantean normalmente a las parejas estériles. Pronto será posible diagnosticar por medio del análisis cromosómico de una muestra de sangre periférica, a costos accesibles a cualquier madre, las características genéticas del niño que pocos días atrás ha sido concebido. Otro de los factores que ha llevado a revalorizar la ética es la caída del sistema económico centralizado de los países del este, y su sustitución por otro de mercado. El año 1989 va a pasar a la historia como pasó a ella la revolución bolchevique de 1917 o la revolución francesa de 1789. Podría pensarse ingenuamente que de ahora en adelante entramos en una era en que, el precio fijado por la oferta y la demanda será lo único que determine el verdadero "valor" de las cosas y de las acciones humanas. En la práctica, la ética de la sociedad capitalista es "tanto tienes, tanto vales". No obstante, cada vez hay más conciencia de que una economía dejada a sus solas fuerzas salvajes de oferta y demanda termina construyendo o manteniendo horrendas diferencias sociales, indignas de una humanidad que ha declarado en 1948 la igualdad de la gran familia humana. El desafío que tiene la sociedad del siglo XXI es la de introducir correctivos a la economía de tal manera que se supere la insolidaridad y el egocentrismo para construir una humanidad fraterna tal como ha sido afirmada por casi todos los países del mundo en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Así, de nuevo caemos en la cuenta que una economía sin una ética se hace ciega e inhumana. Sólo una toma de conciencia de que es el "sujeto" humano el que tiene que asignar valor a las cosas y establecer los criterios para distribuir los bienes escasos para beneficio de todos, es lo que hará posible una convivencia humana sin nuevos "bloques" que terminen siendo peores que los que se derribaron con el muro de Berlín.A diario recibimos información de cualquier canal de televisión del mundo por medio de las antenas parabólicas y podemos acceder a la base de datos de cualquier país por medio de la informática o de los telefax. Un periodista con dos valijas apropiadas puede trasmitir desde cualquier rincón de la tierra una noticia que valga la pena ser conocida. Los problemas sociales, éticos, políticos o religiosos de cualquier región de la tierra tienen implicación en los demás. Pero ninguno de estos problemas se podrán resolver si no se apela a la ética. El derecho no es más que la positivación de los valores éticos. Pero las leyes no pueden formularse sin una previa reflexión de la sociedad, que busque las convergencias axiológicas sin discriminar las minorías de ningún tipo. Por otra parte, ninguna legislación, código o constitución es capaz de agotar en su positivación todos los dilemas éticos que se plantean en la convivencia social. De ahí que cada vez sea más necesaria una formación moral a todos los niveles de la sociedad.Ciertamente, que entre el sentido, la intención, y la objetividad existe una connaturalidad. En la medida que el ser humano desarrolla su profundidad humana y/o religiosa en búsqueda de sentido tendrá mucha mayor fuerza motivacional para actuar con conciencia recta (buena intención), y para enfrentar las realidades históricas (objetividad). A su vez, en la medida que el ser humano actúe decidida y sistemáticamente con buena intención, la propia conciencia se fortalecerá impulsándolo a una mayor objetividad histórica, y a una mayor profundidad de sentido. Finalmente, en la medida que la persona sea crítica a la realidad histórica, rechazando tanto las explicaciones que se le aparecen como obvias así como aquellas que descubre como interesadas, se irá fortaleciendo la búsqueda de sentido, y su deseo de rectitud de conciencia. En última instancia, alcanzar el máximo desarrollo posible de sí mismo y de los demás, en todas sus dimensiones, es el mayor anhelo de un ser humano y es su tarea ética fundamental. Más información: |
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| Modificado el ( martes, 17 de abril de 2007 ) |
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Estamos lejos de la época en que se pensaba dicotómicamente que la ciencia era neutra y que sólo la política, la economía, o la ética tenían que ver con los asuntos relacionados con los valores. En este momento vivimos una etapa de pensamiento "postmoderno", es decir de un pensamiento (¿y también una sensibilidad?) que ha hecho una severa crítica a la ciencia y sus pretensiones ingenuas de objetividad. Estamos en una época en que de nuevo se vuelve a caer en la cuenta de que la ética está por encima y es la que tiene que guiar a la ciencia en su capacidad de servir a la humanización del hombre.
Estamos pues, en un mundo en el que cada vez se hace más necesaria la clarificación de los dilemas éticos que presenta la acción humana. El siglo XXI será probablemente el siglo de la ética. Y eso, por múltiples factores.
No obstante, cada vez hay más conciencia de que una economía dejada a sus solas fuerzas salvajes de oferta y demanda termina construyendo o manteniendo horrendas diferencias sociales, indignas de una humanidad que ha declarado en 1948 la igualdad de la gran familia humana. El desafío que tiene la sociedad del siglo XXI es la de introducir correctivos a la economía de tal manera que se supere la insolidaridad y el egocentrismo para construir una humanidad fraterna tal como ha sido afirmada por casi todos los países del mundo en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Así, de nuevo caemos en la cuenta que una economía sin una ética se hace ciega e inhumana. Sólo una toma de conciencia de que es el "sujeto" humano el que tiene que asignar valor a las cosas y establecer los criterios para distribuir los bienes escasos para beneficio de todos, es lo que hará posible una convivencia humana sin nuevos "bloques" que terminen siendo peores que los que se derribaron con el muro de Berlín.
diario recibimos información de cualquier canal de televisión del mundo por medio de las antenas parabólicas y podemos acceder a la base de datos de cualquier país por medio de la informática o de los telefax. Un periodista con dos valijas apropiadas puede trasmitir desde cualquier rincón de la tierra una noticia que valga la pena ser conocida. Los problemas sociales, éticos, políticos o religiosos de cualquier región de la tierra tienen implicación en los demás. Pero ninguno de estos problemas se podrán resolver si no se apela a la ética. El derecho no es más que la positivación de los valores éticos. Pero las leyes no pueden formularse sin una previa reflexión de la sociedad, que busque las convergencias axiológicas sin discriminar las minorías de ningún tipo. Por otra parte, ninguna legislación, código o constitución es capaz de agotar en su positivación todos los dilemas éticos que se plantean en la convivencia social. De ahí que cada vez sea más necesaria una formación moral a todos los niveles de la sociedad.